martes, 29 de noviembre de 2016

Capítulo 1


Pandemónium
-En cinco minutos salimos.

Se oyó a través de la puerta de madera que cierra mi cuarto. Puse los ojos en blanco y me di la vuelta para seguir con lo que estaba haciendo antes de que me interrumpieran. Me miro al espejo de cuerpo entero que tengo delante de mi y repaso lo que llevo puesto. Mis botas de la suerte, unos pantalones negros ajustados y de cintura alta, un croptop y la chaqueta de cuero negra. Miro mi cara, pero no puedo ya que mis rizos me tapan la cara. Mirando por la habitación vislumbro una goma que esta en el tocador al otro lado de la habitación.

Me acerco y cojo la goma negra que esta al lado del tocador de estilo victoriano que decora mi cuarto. Me siento en el banco y con ayuda de mis dedos me peino los rizos hasta atarlos encima de mi cabeza haciendo una cola de caballo que me llega hasta la mitad de mi espalda. Retoco la coleta con los dedos y me miro al espejo. En el se ve una chica reflejada de grandes ojos grises, piel pálida y llena de pecas. Su cabello que se retiene a duras penas en la coleta esta alborotado y su color es más fuerte de lo que era antes, un color naranja tirando a castaño.

Me quedo absorta mirando mi reflejo hasta que me acuerdo de que tendría que estar en la armería hacía bastante tiempo. Me levanto del banco tirándolo hacía atrás y haciendo un ruido espeluznante al moverlo. Me dirijo directamente a la mesilla de noche que hay al lado de mi cama y cojo el móvil que se estaba cargando y salgo disparada por el pasillo.



Miro el reloj del móvil mientras corro y veo que hacía cinco minutos que tendría que estar allí. Acelero cuando en la última esquina me estampo contra un cuerpo musculoso que me agarra para que no me caiga.

-¿Estás bien?

Suelta aquella voz que conozco de sobra para saber de quien es. Levanto la vista y fijo mis ojos en sus ojos de color del chocolate que me miran preocupados. Me deshago de su agarre y doy dos pasos hacía atrás para que así no me entrara dolor de cuello por mirarle a los ojos. Mientras lo hacía me fije en su cabello negro y rizado totalmente despeinado. Y su cazadora que la tenía abierta dejando ver una camiseta de color negro que marcaba todos sus músculos.

-Si, estoy bien- le digo y la preocupación que emanaba de sus ojos desapareció por arte de magia.

-Iba a ir a buscarte, Inanna ya se estaba poniendo histérica.

Me dice mientras los dos vamos a paso rápido hacía la sala de armas. No llega ni al minuto cuando Elijah traspasa el umbral de la sala de armas y yo detrás de él. Enseguida veo a una figura pequeña viniendo hacía mi y me abraza con fuerza. Yo no intento escapar porque se que me cogería igualmente.

-Ya creía que no me habías escuchado antes, he mandado a mi hermano a buscarte y al parecer te ha encontrado-dice mientras retrocede para mirarme a los ojos.

Inanna era la copia idéntica de su hermano. Ojos oscuros, pelo oscuro, pero el de ella es liso, que le llega hasta el final de la espalda. Tenía los mismos rasgos que su hermano, pero más afeminados. Hoy llevaba un vestido ajustado negro con sus botas de tacón favoritas y enroscado en su brazo su látigo preferido que parecía un brazalete.

-Va coge tus armas y vámonos que somos los últimos-mientras se aleja dejándonos a Elijah y a mi solos.

Miro a mi alrededor y veo que en la mesa están mis armas. Me acerco a ellas, mientras me quito la chaqueta para así ponerme las riendas que las sujetan. Elijah se dirige a la pared y coge un arco y la aljaba que estaba al lado llenas de flechas. Se pone las dos cosas en cada hombro mientras yo me abrocho. Siento en mi espalda el frio de mis dos hachas que tocan mi piel. Rápidamente me pongo la chaqueta y los dos nos dirigimos al haul del instituto.

El viaje se hace en silencio. Yo mientras me recreo mirando algunos tapizados y pinturas que hay en el pasillo principal donde se llega al ascensor. Algunos tan viejos que si los tocas podría ser que se deshicieran en tus manos y otros que sabía que no lo harían. Hacía muy poco que los habían colgado y eran escenas de Idris como de Brooklyn y en las esquinas ponía la firma de mi madre. Clary Herondale. Mi madre es una gran artista y yo ni le llego a la suela de los zapatos. Ella dice que yo he sacado la vena musical de mi padre ya que se tocar el piano mejor que él.

 Al llegar al ascenso Elijah pulsa el botón y bajamos a trompicones que con aquel viejo montacargas. Mientras bajábamos a Elijah le dio por hablar.

-¿Sabes que se lo tenemos que decir a nuestros padres, verdad?

Le miro y veo que él me mira también. Eljah y yo hacía seis meses que teníamos una relación, como decirlo, complicada ya que salíamos juntos, pero intentamos a toda costa de que nadie lo supiera. El porque. No lo sabemos ni nosotros.

-No me apetece ahora hablar del tema. Después de la misión quedamos en la biblioteca y hablamos.

No quiero que esto me distraiga.-Él solo asintió y no volvió a dirigirme la palabra.
Al abrirse las puertas vimos que todos nos estaban esperando. Cerca de la puerta estaban mis padres hablando con mis tíos Isabelle y Simo Lovelace. Cerca de ellos estaban el parabatai de mi padre, Alec y su novio Magnus el gran mago de Brooklyn. Al otro lado estaban mis hermanos Jace y Matthew que hablaban con Jonathan Pentallow, el hijo de Alien y Helen. Y más cerca de nosotros estaban Inanna, Lele y Max.

Hacía mucho tiempo que no veía a Max Lightwood. Sus padres dijeron que se había ido a vivir a Londres con Tessa, pero al parecer a vuelto. Elijah fue directo al grupo donde estaban mis hermanos y vi como los saludaba en especial a Jonathan. Yo me quede allí plantada contemplando a Max.
Estaba más alto que la última vez que lo vi. Su piel azul resplandecía como su cabello de un tono de azul más claro. Cuando era pequeña siempre estaba con él, pero desde hace años que no podía actuar normal delante de él. Me ponía nerviosa y nublaba mi juicio. Deje de observarlo y me dirigí hacia ellos .Antes de ni poder saludarlo mi padre llamo la atención de los presentes y todos nos acercamos para escucharlo.

-Muy bien chicos, hoy os toca ir a Pandemónium. Sabéis que desde hace un par de meses han habido desapariciones muy extrañas entre los subterraneos y queremos saber quien es. Hoy os reuniréis con un vampiro que dice tener información sobre los secuestros a cambio quiere que no se le haga daño si crebranta los acuerdos. Ya sabéis que hacer.

Inanna se puso a mi lado y las dos abrimos las puertas principales, pero antes de salir note que alguien me cogía del hombro. Me doy la vuelta y veo a mi padre y por su cara se ve que esta preocupado. Veo como los demás van saliendo menos yo que con mi padre nos vamos en un rincón. Lo observo detenidamente. Veo que tiene ojeras como que su barba es más abundante desde que nació Lucian.

-No hagas nada que la clave no apruebe. Ya sabes que estas cerca del precipicio y un paso más y te caes.- dice mientras se rasca la barba y con la otra mano echa hacia atrás el pelo que le tapa los ojos color ámbar.

- Tranquilo- le digo.

Él solo me acerca a él me da un beso en la frente y después me empuja hacía la puerta que están cerrando. Me toca correr antes de que cierren las puertas o sino me quedo fuera de la misión. Paso por poco y sigo trotando hasta el grupo que se ha acumulado en la verja del Instituto. Al acercarme escucho como Jace habla con los demás para ver como llegamos hasta el club. En el cielo ya se estaban empezando a ver las nubes de colores naranjas, azules, moradas y rosas. Eso significaba que estaba anocheciendo y no nos quedaba mucho tiempo.

Al final decidieron ir en taxi. Así que llamamos a dos taxis. Cuando los tuvimos yo me monte con Inanna en el taxi donde iban mis dos hermanos. Jace se sentó delante para indicar al taxista. Matthew se sentó al lado de la ventanilla y yo en la otra. Inanna iba en medio de nosotros dos. Enseguida nos pusimos en marcha. En el viaje tuve que ver como Inanna hacía manitas con mi hermano. Le tocaba el pelo del mismo pelirrojo que el mío mientras entrelazaba su mano libre con la de él. Bastantes veces me entraban arcadas al ver esa escena. Delante Jace se reía de mis reacciones mientras miraba por el retrovisor mientras se retiraba el cabello rubio que ya necesitaba un corte.

Tardamos media hora en llegar al club y como siempre estaba a reventar. Mi hermano pago a los dos taxistas y mientras los demás esperamos en la puerta del club. Cuando los dos taxis se fueron Jace se puso delante de nosotros y dejo las cosas muy claras.

-Las preguntas las formulare yo. Estar siempre acompañados de vuestro parabatai. Y Alexa. No hagas nada que cabré a la Clave.

Todos se giraron para mirarme. Desde muy pequeña siempre he tenido problemas con la Clave. Y ya era habitual aquella frase en todas las misiones. Después de unos minutos dejaron de mirarme y empezaron ha entrar al club. Inanna se puso a mi lado y me agarro del brazo para arrástrame dentro del club. Mientras empezó a criticar a mi hermano, como siempre, por decir una cosa así delante de todos. Yo solo hice oídos sordos y le seguí el rollo hasta estar dentro del club.

Entre las dos intentamos seguir a los demás, pero Inanna se entretenía mirando como bailaban los mundanos y algunas veces ella empezaba a bailar con ello. A mi me tocaba cogerla del brazo y tirar de ella hasta que llegamos a nuestro destino. El Pandemónium era una antigua fábrica que solo tenía las cuatro paredes que la aislaba del exterior. La zona VIP estaba dividida por una gran cortina de color morado de terciopelo y allí es donde habíamos quedado con el vampiro que nos diría la información.

Al entrar se veía un escenario pequeño con una mesa de mezclas. A los pies del escenario había un gran sillón de los años setenta de color morado y azul. En el estaba sentado un hombre y dos mujeres con vestidos tan ajustados que parecía que en algún momento reventarían. El hombre parecía que estaba liándose con una de ellas, pero al ver que estaba acompañado dejo a la mujer. En su garganta habían dos agujeros y de ellos salían un hilillo de sangre. Al mirar al hombre se veía su boca estaba manchada de sangre de las dos mujeres que estaban más pálidas que una pared.

-¿Roberto?

Dijo mi hermano con un subtono de repugnancia. El hombre se levanto y aliso la chaqueta de su traje negro que iba a conjunto con la camisa y los zapatos. El vampiro se acerco a mi hermano. Yo intente ir para ayudarlo, pero sentí que alguien me cogía del brazo para que no fuera tras él. Ni mire quien era solo me concentre en el vampiro que ahora me miraba a mi con sorpresa en el rostro.

- Usted debe ser el señor Herondale. Y la señorita debe ser su hermana. La amiga de los Subterraneos.- dijo con un tono de sarcasmo en su voz que tenía un acento hispano muy marcado- Preferiría hablar con su querida hermana que con usted señor Herondale.

Mi hermano me miro y en sus ojos verdes se notaba un notable miedo, pero no por mi sino por el vampiro que se hacía llamar Roberto. Él se acerco más a mi y yo retuve el aliento mientras él me observaba tan fijamente que llegue a sentir un escalofrió. Sus ojos negros parecían estar muertos e inexpresivos.

-Sabe usted señorita Herondale. Me han hablado mucho de usted. La cazadora de sombras con una parte subterranea en su interior. Yo solo conocí a uno de su calaña y era más amable y educado que usted.

Me miro con suficiencia y se saco del bolsillo un pañuelo de tela para limpiarse la sangre reseca de su boca. Yo mientras miraba a mi hermano con preocupación. Casi nadie sabía de mis poderes subterranios, solo la Clave, mi familia y amigos. Y si por el mundo subterranio ya habían rumores no faltaría mucho tiempo para que los Cazadores lo supieran también. Al acabar de limpiarse la boca dirigió una sonrisa hacía mi y se dio la vuelta para volver a sentarse en el gran sofá donde yacían las dos mujeres.

-¿Nos va decir algo?-Dijo mi hermano intentando desplazar la atención hacía él. El vampiro miro hacía él y cruzo sus brazos sobre su regazo pensativo.

-Lo que les voy a decir puede ser que no se lo crean, pero lo he visto yo mismo. Los secuestradores son nada más ni nada menos que Cazadores de Sombras.

Todos nos quedamos en silencio y el que salto era el que menos nos esperábamos. Sentí como mi brazo era liberado y como Elijah se acercaba hacia el vampiro echando humo por las orejas. Al llegar delante de él lo cogió del cuello de la camisa y lo levanto unos centímetros del suelo. Todos nos quedamos pedrificados y el vampiro solo tenía una sonrisa.

-Lo que estas diciendo es mentira. Eres una escoría mentirosa.

Después de decir eso soltó al vampiro y lo tiro contra el sofá. En una fracción de segundo saco de su bota una daga y se la clavo en el pecho. El vampiro grito y en ese momento todos empezamos a movernos. Matthew y Jonathan corrieron hacía Elijah y lo sujetaron para que no hiciera nada más. Jace ordeno sacarlo. Con ellos también se fueron Lele e Inanna. Solo quedábamos Jace,el vampiro , las mujeres y yo.

Al ver que nadie me estaba atendiendo me acerque al hombre y me senté a horcajadas sobre su regazo y sujete el puñal que aun tenía en el pecho. Lo retorcí y el vampiro propino otro alarido. Me acerque más él.

-¿Quien te ha dicho lo mío?

Él entre muecas de dolor empezó a dibujar una sonrisa y en u suspiro dijo.

-Se dice el pecado y no el pecador, pequeña niña.

De repente no se donde saco la fuerza pero me lanzo contra la tela morada que hacía de pared. En ese momento Jace se dio cuenta y vino hacía mi para detenerme, pero no fue lo suficiente rápido ya que cogí de mi bota una pequeña estaca de madera y fui a por él. Le quite la daga que tenía en el pecho y le clave la estaca de un movimiento. El vampiro empezó a retroceder. Yo solo me quede mirando, pero no por mucho tiempo ya que mi hermano me agarro del brazo y con todas sus fuerzas me cogió cual saco de patatas y me alejo de aquella escena.

Ni intente escaparme ya que sabía que las consecuencias serían peores. Cuando salimos fuera los demás estaban en un grupo dentro de el se veía como Inanna le gritaba a su hermano por su comportamiento, pero él no le hacía caso. Solo me miraba a mi y yo a él.
-¿Qué ha pasado con el vampiro?

Pregunto Jonathan mientras Jace me bajaba de su hombro. Después de bajarme fue caminando hasta el grupo y aparto con los brazos a cualquiera que estuviera en medio. Se notaba que estaba cabreado y era por mi culpa.

-¿Preguntárselo a Alexa?- dijo mientras paraba un taxi y se subía en el dejándonos allí solos.

-¿Qué has hecho?

Pregunto Lele que se estaba volviendo a recoger su pelo rubio en un moño alto dejando ver sus orejas puntiagudas y sus ojos marrones. Yo ni conteste e hice lo mismo que mi hermano, pero deben de coger un taxi empecé a correr por las calles de Brooklyn. Necesitaba despejarme y solo lo podía hacer corriendo.

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