domingo, 4 de diciembre de 2016

Capitulo 2

Max Lightwood

Corrí y corrí sin ningún rumbo fijo. Mis piernas me llevaban mientras pensaba en mis cosas. Tenía miedo, miedo de que me trataran como un bicho raro por tener unos poderes que no tendría que tener. Miedo de que por culpa de eso me quitasen mis runas. Miedo de no poder ser yo. Yo no pude elegir el que ser o no ser. Ya mi tía Tessa era bruja, tenía genes de ella, por eso tenía los ojos grises como su pelo castaño, pero ¿Por qué tuve que heredar también sus poderes?

No me gustaba utilizarlos ya que iba contra natura de mi ser. Puedo hacer lo mismo que Tessa cambiar mi aspecto físico por el de otra persona, pero también puedo hacer más cosas. Puedo invocar a los elementos y por lo que dice Magnus soy la única en poder hacerlo por culpa de la sangre de ángel de más que herede de mis padres.

Muchas veces he pensado el porque. El porque mis hermanos nacieron normales y yo me lleve todo lo mágico. He intentado saberlo, pero lo único que puede ser es porque soy chica. Mis hermanos son todos chicos. Jace, Matthew, Nazaniel, Damon y Lucian. Y yo soy la única chica y además con poderes.

Intentaba llegar en una conclusión razonable hasta que me paré en seco y mire el edificio de piedra roja que se levantaba delante mía. Subí los escalones y mire los timbres. En el último en cursiva estaban los tres nombres que reconocería en cualquier sitio. Magnus Bane, Alexander Lightwood y por último Max Lightwood. No se porque, pero llame al telefonillo y mire en dirección hacía la carretera. En ese momento me di cuenta de que estaba lloviendo a cantaros y yo estaba empapada de pies a cabeza.


De repente oí sonidos que salían del interfono y me acerque más a el para escuchar.

-¿Sí?

Dijo una voz somnolienta y después un bostezo. Me reí para mi y dije mi nombre. Enseguida me abrió y yo entre corriendo subiendo las escaleras al trote hasta que llegué al tercer piso. En la puerta había un Max con los ojos aun cerrados. Llevaba un pijama de rallas azul y blanco. Los botones de la parte superior estaban desabrochados dejando ver su pectorales y abdominales. Su piel normalmente azul era de color carne. Estaba utilizando un glamour por si algún vecino le daba por subir. Su pelo azul estaba completamente alborotado y en punta.

Al verme se despertó de repente y me miro con sus ojos azules. Muy parecidos a los de su padre Alec. Hizo un gesto para que pasara y yo lo acepte encantada. Mientras entraba me quite la cazadora y la puse en una de las sillas de marca que había cerca de la puerta. El piso era un loft dúplex de paredes de ladrillo rojo y retratos familiares por doquier. En cada pared no faltaba ninguna fotografía de Max de bebe y se podía ver como había ido creciendo cada año. En la gran estancia se veía un gran sofá de color negro con su mesa de café a juego y enfrente enganchada en la pared una televisión de plasma. Al lado mío había un conjunto de sillas de diseñador y una mesa de cristal y encima una gran lámpara llena de cristales que cuando le daba la luz de ellas salía un arcoíris de tonos azulados que se plasmaban en las paredes del apartamento. En la pared de más al fondo era totalmente de cristal de arriba ha bajo y en la esquina más alejada había una cocina y se notaba que casi nunca la utilizaban ya que era de un blanco impoluto.

-¿Qué haces por aquí, Alex?

Salté del susto ya que no había notado que Max estaba a mi lado. Lo mire y vi que me tendía una toalla y lo que parecía una camiseta de color blanco y unos bóxer de color negro. Cogí lo que me tendía, pero lo deje en la mesa para desabrocharme para dejar las armas en esta. Mientras le conteste.
-Necesitaba aclararme las ideas.

-¿Qué has echo?- dice con un tono monótono como si estuviera cansado de decirlo siempre, pero hacía seis meses que no se lo escuchaba decir y en mi interior note alivio por oírlo. Lo echaba de menos.

-He matado al de la información.

Él se quedo con la boca abierta y yo solo supe hacer una cosa. Salir huyendo hacía el baño que estaba en la segunda planta. Me dirigí a las escaleras de caracol que estaban en medio de la estancia y las subí lo más  rápido posible para así encerrarme en el cuarto de baño. No quería que me echase la bronca ya me la echarían cuando llegara al Instituto.

Deje la ropa en el WC y colgué la toalla en la mampara de cristal. El cuarto de baño era pequeño lo suficiente para tres hombres o eso pensaba. En la pila había todo tipo de potingues y maquillaje esparcido por todas partes. Sabía que era de Magnus, pero no pensaba de que las quejas de Alec por el desorden fueran verdad. Era peor que Izzy e Innana juntas.  Dejo de pensar en ello y me desvisto para meterme directamente en la ducha. No llego a tardar cinco minutos cuando ya salgo secándome el pelo. Rápidamente me pongo la camiseta negra y los boxers y me recojo el pelo en un moño encima de mi cabeza. Me miro al espejo y apruebo mi look así que salgo del baño y bajo lentamente las escaleras.

Cuando estoy por la mitad veo que Max esta sentado en el sofá zapineando en la tele. Suspiro y bajo las escaleras que me faltan y me dirijo a la cocina donde esta la secadora. Pongo toda mi ropa en ella y la dejo en el programa de cuarenta y cinco minutos. Cuando veo que esta en marcha me acerco sigilosamente hacía el sofá y me dejo caer al lado de Max.

Al notar mi presencia deja de cambiar canales y deja en la tele una de mis películas favoritas La Guerra entre los Mundos. Miro la tele mientras él me observa. Yo miro entretenida la película. En ese momento veo la escena cuando el avión se estrella contra la casa de la mujer del protagonista y se esconden en un cuartito del sótano. Miro absorta la escena cuando me veo interrumpida por la voz de Max.

-¿Y por qué lo hiciste Alex? Hace mucho que no te metías en líos. Estabas en buena racha.

Tanteo con la mano por el sofá hasta que encuentro el mando y bajo el volumen de la tele. Lo dejo en la mesita de café que esta enfrente y lo miro intentando que en mis ojos no se refleje ningún sentimiento.

- Si lo estaba, pero me hizo enfadar y perdí la cordura.

-¿Qué te dijo para que te pusieras así?- dijo mirándome directamente a los ojos.

Desde muy pequeña nunca he podido hablar con la gente mirando a los ojos ya que al hacerlo siento la magia que llevan por dentro. Un día le comente esto a Magnus y me dijo que podría ser que fuera otro de mis dones. Él los llamaba dones yo maldiciones.

Mire atentamente a los ojos azules oscuros de Max y sentí toda la magia que recorría su cuerpo. No me había dado cuenta cuando había retirado el glamour ya que sus pestañas volvían a ser de ese color azul que imitaba al del océano.

-Comento de que entre los subterraneos hay rumores sobre mis poderes.- Él enarco una ceja y le envidie por ello. Yo había heredado la incapacidad de mi madre de no poder hacerlo.

-¿Cómo puede ser posible si nunca has utilizado tus poderes?- dijo mientras se pasaba la mano por el pelo por la frustración que sentía.

- No lo se, pero al final pasara algo por ellos y no podre remediarlo.

Sentía como las lagrimas estaban a punto de desbordarse. Tenía ganas de llorar por la impotencia de no poder hacer nada para ocultar mi secreto. Había bajado la cabeza para que Max no me viera llorar, cuando sentí que ponía su mano firme en mi barbilla y me hizo mirarlo a los ojos.

- Intentaré averiguar quien esta extendiendo el rumor ¿vale?

Yo solo asentí porque sabia que si hablaba me pondría a llorar como una niña pequeña. Él cogió y me acerco hacía él para abrazarme. Yo apoye mi cabeza en su hombro y cerré los ojos mientras él deshacía el moño que me había hecho y me acariciaba el brazo para consolarme.

-¿Sabes que te he echado mucho de menos?

Sentí como se tenso, pero fue una milésima de segundo ya que se relajo y siguió con su labor de acariciarme el brazo.

-Yo también lo he echo, pero se me pasó volando el tiempo con las clases de Tessa.

-¿Qué te enseño?-dije mientras me arrimaba más para estar más cómoda.

- Me enseño algunos hechizos, pero el que más me impacto fue uno para vincular tu vida con la de otra persona.

Me levante de repente para mirarle a la cara para saber si me mentía o no, pero por su cara sabía que lo estaba diciendo muy enserio. En sus ojos se veía una determinación que daba bastante respeto. Él me miro y supe que me iba a enseñar como hacerlo. Se acomodo en el sofá y empezó a contar.

- Es un hechizo que solo se hace cuando hace un minuto que la persona esta muerta o esta tan mal herida que se sabe que sin nuestra ayuda puede morir. El hechizo es muy fácil.    Cum varietate vitae tuae.- dijo con determinación y tan rápido que casi no lo llegué a comprender.

-¿Y cuales son las consecuencias?-dije.Sabía que la magia de tal calibre tendría sus consecuencias y no me equivocaba ya que Max se puso más serio todavía.

-Si sobrevive el que allá hecho el hechizo esta ligado para siempre a él. Al salvado se le dará la inmortalidad del brujo y al brujo se le dará la mortalidad del salvado.

-¿Así que si el salvado muere el brujo muere con él?

Max se quedo mirando hacía la pantalla enfrente suya pensativo. No sabía que le estaría pasando por la cabeza, pero se quedo absorto durante unos segundo y después volvió como si nada a la conversación.

-Si, exacto- me dijo, pero note en su expresión que estaba intranquilo.

Se levanto de repente y yo lo seguí con la mirada hasta llegar a la secadora. La paro y miro que mi ropa estuviera seca. Al estar seguro la cogió sin ningún cuidado y la tiro en el sofá. Yo me quede perpleja por el cambio de humor que había experimentado de repente.

-Vístete que te llevo a casa-dijo mientras subía las escaleras de dos en dos rumbo a su cuarto.

Yo me vestí lo más rápido posible mientras escuchaba los ruidos que hacía Max mientras cerraba y abría las puertas de su armario y se vestía. A los cinco minutos ya estaba bajando por las escaleras. Llevaba puestos unos vaqueros pitillo negros, unos mocasines del mismo color, una camisa blanca y mientras baja las escaleras se estaba poniendo una chaqueta de traje de color negro. Ni me miro cuando paso por mi lado. Se paro en el aparador que estaba al lado de la puerta y cogió las llaves del coche como las de su casa.

Antes de que abriera la puerta yo ya estaba detrás de él esperando a que me dijera lo que estaba pasando, pero él intentaba evitar mi mirada. Abrió la puerta y se hizo a un lado para que pasará. M quede en el descansillo mientras él cerraba la puerta del apartamento y después se dirigió a las escaleras decidido. Bajaba las escaleras de dos en dos y yo mientras, detrás, intentaba cogerle el ritmo sin mucho éxito ya que él media un metro noventa y yo un metro sesenta.

Cuando llegamos al zaguán ni nos paramos seguimos andando hasta salir en el exterior. Al salir me fije que la lluvia ya había amainado y que el sol ya se había puesto dejando así una oscuridad completa ya que había luna nueva. Solo se veía el perímetro donde daban los haces de luz de las farolas de la acera.

Enfrente de la escalinata estaba aparcado el coche de Max. Un cuatro por cuatro de color azul metalizado. Abrió las puertas con el mando a distancia y se metió en el coche enseguida. Yo me metí detrás de él y antes de que me abrochara el cinturón ya había arrancado y empezado a conducir por las calles de Brooklyn.

Se notaba que estaba tenso y yo ya no aguantaba ya tanto secretismo por parte suya. Nunca me había guardado ningún secreto. Siempre nos decíamos todo y no me gustaba que aquella tradición se fuera al garete en un momento.

-¿Qué pasa Max?-le dije mientras observaba como su mandíbula se tensaba al oír mis palabras.
Estábamos atravesando el puente de Brooklyn cuando se digno a hablarme. Se notaba en su expresión que estaba tenso, pero su voz dijo otra cosa.

-¿Te acuerdas que cuando era pequeño llegaba a tener premoniciones del futuro?-me pregunto. Él me miro para ver lo que decía y yo solo pude asentir.-Acabo de tener una.

Cuando dijo aquellas palabras note en su voz una especie de miedo como si la visión que había tenido fuera mala. No dijo nada más por el trayecto, pero no tardamos mucho en llegar al instituto. Cuando vi la silueta de esta, me encogí en el asiento deseando desaparecer en ese momento para no entrar y tener que enfrentarme a mi padre como a Jace. Deseé que Max diera media vuelta y me llevara a otro lugar que no fuera este, pero mis planes se fueron al garete cuando Max aparco enfrente y se bajo del coche en cinco segundos.

Estaba apunto de entrar y no estaba preparada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario