domingo, 11 de diciembre de 2016

Capítulo 3

La Premonición


En la entrada ya nos estaba esperando Alec preocupado. Al parecer Max le había mandado un mensaje mientras él se vestía explicándole la situación. Cuando nos vio enseguida los dos se fundieron en un gran abrazo. Como si hicieran años que se hubiera ido Max.

 Yo me quede rezagada y miraba hacía otro lado. Las demostraciones de amor no me gustaban ya que me daban envidia. Mi padre no era muy afectuoso solo con Jace y mama, y yo era la última de su lista. Sabía aquello ya que siempre prefería pasar más tiempo con mis hermanos que conmigo. Y a mi me dolía cuando era pequeña, pero tuve que acostumbrarme a ello y lo hice.


Al acabar de darse aquel abrazo fraternal Alec se dio cuenta de que estaba presente. Se acerco a mi y me abrazo como lo había hecho con Max. Me retorcí al principio, pero al final estuve quieta y disfrute de tener a alguien que mostrara afecto por mi. Antes de alejarse arrimo su boca a mi oreja y me dijo susurrando.


-Ves al comedor de encima del despacho de padre.


Se aparto y vi en sus ojos que lo decía enserio. Sin decir nada se dio la vuelta y se fue con Max hacía el interior del instituto. Vi como Max se daba la vuelta para mirarme y supe que lo que diría delante de los mayores sería muy importante. Me dirigí a las escaleras que estaban a la derecha del vestíbulo y empecé a subirlas lo más rápido posible. Cuando llegué a la primera planta vi que el ascensor subía más, pero yo necesitaba dejar las armas en la armería sino haría demasiado ruido.



Me dirigí hacía la armería lo más rápido posible. Al entrar no me di cuenta que ya había alguien allí. Al entrar me di contra un cuerpo alto y musculo que me agarro del brazo antes de que me cayera. Note como tiraba de mi cuerpo hacía a él así chocando otra vez con él, pero ahora dejando reposar mis manos en unos pectorales que estaban cubiertos por una fina camiseta negra. A mi vista había un pequeño collar de una estrella de David y en ese momento me di cuenta de quien era.


Retrocedí hasta la puerta y vi como me observaban aquellos ojos oscuros que intentaban resolver el porque yo estaba allí. Después del susto me acerque a él y a la mesa para dejar mis armas encima de la última.


-¿Creía que no aparecerías hasta mañana?


Dijo mientras yo me quitaba las ataduras para dejarlas en su sitio. Yo no conteste ya que me parecía que si lo hiciera empezaría a darme un sermón de lo que había echo mal. Él se dio cuenta de ello y me dejo en paz y siguió haciendo lo que estaba haciendo antes. En la mesa había un arco de madera con runas grabadas y él intentaba ponerle una nueva cuerda ya que la otra se había roto.


Cuando ya deje todo en su sitio me dispuse a irme, pero antes de tocar ni la puerta note como se daba la vuelta para halarme de nuevo.


-Espero que ayudes a Elijah en el juicio.


Me di la vuelta tan solo al escuchar el nombre de Elijah. Vi en sus ojos la preocupación que tenía por su hijo. Simon no estaba acostumbrado a tener a ninguno de sus hijos en algún juicio por indisciplina de la Clave. Él sabía que yo tenía demasiada experiencia en aquellos juicios y sabía que intentaba que su hijo no le castigarán.


-Lo ayudaré. Tranquilo.


El me lanzo una sonrisa de agradecimiento y yo solo salí de aquella sala. Dejé de pensar en lo que me había dicho Simon a los cinco segundos y me centre en llegar al comedor sin que nadie se diera cuenta. Me dirigí otra vez hacía las escaleras que habían junto el montacargas y subí hasta el segundo piso intentado no hacer ruido. Cuando llegué seguí trotando hasta el comedor. Me paré al ver la gran puerta de roble y no supe si entrar o no. Pensándolo mejor ya tenía un juicio pendiente y no quería meterme en más líos, pero no me dio tiempo ya que alguien abrió la puerta y me tiro hacía dentro dejándome sin aire.


Al recuperarme vi quien me había echo entrar. Elijah estaba allí observándome por si me había echo daño. Cuando enderece la espalda me puse a observar la estancia. En el centro había una gran mesa de roble y a su alrededor veinticuatro sillas del mismo roble. La pared más alejada era un gran ventanal. Desde allí se podían ver los grandes rascacielos que componían Manhattan. Las demás pared forradas con papel de color granate estaban decoradas con cuadros representando escenas cotidianas de los Cazadores de Sombras. Por último me di cuenta que en el centro al lado de la mesa estaban todos mirando el suelo tan absortos que no se dieron cuenta de mi presencia.


Aprovechando aquello Elijah se acerco a mi y me susurro.


-¿Cuándo vamos hablar de lo nuestro?


-Luego iré a tu cuarto y hablamos.


Le dije mientras me acercaba a los demás dejando a Elijah rezagado. Cuando llegué a su altura me tumbe poca abajo sujetándome con los codos para ver a través de la pequeña pantalla irregular que había en el suelo. Me tumbe entre Lele y Mattew y me centré en lo que decían.


En la biblioteca estaban mis padres los dos apoyados en el gran escritorio de roble muy cerca de ellos estaban Magnus, Alec y Max. Me centré más en él. Se veía que estaba muy nervioso por como restregaba sus manos y después se las pasaba por el pelo azul. Tuve que dejar de mirarlo cuando se oyó la puerta abrirse. De ella entraban Simon con la misma camiseta que llevaba en la armería y enganchada de su brazo estaba Isabelle con uno de aquellos vestidos que tanto le gustaban.
Al verlos mi padre se irguió y con su semblante serio empezó ha hablar.


-Ya que estamos todos vamos a comenzar.


Después de decir esas palabras mi padre miró a Max esperando a que él tomara la palabra, pero él no se entro ya que estaba mirando al suelo tubo Magnus que empujarlo un poco para que despertará de su trance. Al hacerlo se irguió como había echo mi padre y empezó ha hablar.


-He tenido una visión.


Ninguno se altero por la noticia. Ya estaban acostumbrados a cosas más extrañas. Todos se quedaron mirando a Max y él solo supo mirar a su padre, Alec. Él solo le asintió como si le estuviera dando el permiso de poder hablar de ello. Con solo eso Max siguió hablando.


-No lo vi muy bien. Era borroso, pero si que vi que estábamos en Nueva Alacante y yo corría por el bosque, buscando a alguien hasta que de repente llegué al Lago Lyn. Estaba completamente helado y en medio había alguien. Una chica de pelo castaño. Se iba ha dar la vuelta cuando alguien me agarro y todo se volvió negro.


Todos se quedaron pensativos dando vueltas a la información que acababan de recibir y yo también lo hice. ¿Qué significaría aquello?, pero no tuve que pensar mucho para llegar a la conclusión y mi padre tampoco.


-Significa que habrá otra guerra.


Todos fijaron la vista en mi padre que no se había movido de su sitio al lado de mi madre. Ella lo miraba con admiración , como siempre lo hacía, pero también se veía reflejado algo de miedo por tener que enfrentarse a otra guerra.


-¿Puede ser que este relacionado con las desapariciones?


Soltó de repente Simon que ya no estaba junto a su esposa, sino a dos pasos más allá de ella mirando a mi padre como esperando la respuesta a su pregunta, pero no llego después de cinco minutos. Mientras mi padre se dirigió a su mesa y saco de uno de los cajones un libro de color marrón. De el sobresalían esquinas de fotos como de post-its  y marcadores. Ojeo el libro mirando lo que había apuntado en ellos y de repente lo cerro con un golpe sordo. Miro a Simon asintiéndole.


-Lo más seguro que este relacionado con las desapariciones, pero solo porque la visión a sido en Nueva Alacante.


Todos asintieron y yo me puse a repasar lo que había dicho Max. Todo ocurría en Nueva Alacante. Nueva Alacante es una pequeña ciudad que esta pegada a Alcante. Allí viven algunos subterráneos que después de la última guerra les dejaron quedarse, pero con la condición de que no entrarían en Alacante nunca, solo con la excepción de  reformar los acuerdos. Por eso Simon había llegado aquella conclusión. Lo más seguro que las desapariciones fueran por aquello.


Max también había dicho que el Lago Lyn estaba totalmente helado. Eso significaba que sería en invierno sobre Noviembre o Diciembre ya que en esos meses llegan las primeras helada como nevadas en Idris.


Todos estaban callados hasta que salto mi madre. Se le veía que le rondaba algo por la cabeza y fue directamente a hablarlo cara a cara con Max. Él al ver a mi madre se puso más nervioso todavía. Ella era pequeña de estatura, pero tenía un gran carácter y nadie intentaba rebatir lo que ella decía por ello.


-La chica de tu visión ¿te acuerdas de algo más que no sea el pelo?


Vimos como Max pensaba intentando recordar la visión y más concretamente a la chica que había visto en su visión. Después de unos minutos de recapacitar se vio que estaba listo para contestar a mi madre.


-Llevaba una chaqueta negra y pantalones del mismo color, una bufanda blanca y unas botas militares de color granate sino recuerdo mal.


Mi madre se dio por satisfecha y volvió otra vez a su sitio apoyándose en el escritorio. Se quedaron completamente callados hasta que mi padre volvió a guardar el libro en su sitio y se dirigió a apoyarse en el escritorio al lado de su esposa. De repente miro hacía arriba y todos nos retiramos hacía atrás como si nos pudiera ver.


-Hablaremos en otro momento.


Todos los demás fueron dejando la sala y nosotros cerramos la pantalla rápidamente y nos levantamos  antes de que alguien viniera. En ese momento los demás se dieron cuenta de mi presencia y se quedaron completamente quietos observándome.


-¿Qué haces aquí?


Soltó Jace mirándome con sus ojos verdes. Se veía que estaba enfadado. Los demás nos miraban a los dos y de fondo se oyó el sonido de la puerta cerrarse. Yo no pude contestar odiaba que se enfadarán conmigo y más Jace ya que él era el único que me hacía caso de la excepción de mi madre y notaba que lo estaba
perdiendo por culpa de mi comportamiento.


-Ya decía yo.


En su tono de voz se diferenciaba aquel subtono venenoso que solo utilizaba para las personas que odiaba. Se puso en marcha y sin mirarme paso por mi lado empujándome con el hombro haciéndome retroceder un paso. Yo solo podía morderme el labio mientras veía como los demás se iban detrás de él sin mirarme si quiera. Solo Inanna se paró al lado mío y poso su mano con su perfecta manicura encima de mi hombro. Me miro como disculpándose por lo que había dicho Jace, pero yo solo
pude sacudir el hombro para que su mano se despegara de el. Ella solo siguió hacía delante y supe que se habían ido todos cuando oí la puerta cerrarse con un suave chasquido.

Después de unos minutos no pude aguantar más y grite. Grite hasta dar de si mis pulmones y caer sobre mis rodillas por impotencia. Mis ojos se empezaron a empañar, pero no me di el gusto de llorar en esos momentos. Tenía que ir ha ver a  Elijah  a su cuarto para hablar sobre lo nuestro y quería sacármelo lo más rápido posible para ir a mi cuarto y dormir para no despertar nunca más.
Me levanté con gran pesar y me dirigí hacía la puerta empujándola lo suficiente para dejar un hueco por donde pasar. No me esperé ni a que se cerrara la puerta solo seguí caminando hasta mi destino.


Una nueva discusión.

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