miércoles, 1 de febrero de 2017

Muerte 1


Era un día caluroso para ser junio. Estábamos a unos 41°C a la sombra, solo con eso lo digo todo. Mi familia y yo íbamos en nuestro Land Rover rumbo a Phoenix ,nuestro hogar,pero para ir hacia allí teníamos que pasar el desierto.



A mi nunca me había gustado vivir en Phoenix por esto. Tener que pasar el desierto de Sonora. Yo prefería vivir en California con mi novio, pero debía de esperar a cumplir los dieciocho para ello.

Yo iba leyendo un libro llamado "El teorema Katherine" de John Green, mientas, mi hermano, escuchaba música con su IPhone, mi padre conducía y mi madre miraba las vistas, que en mi opinión, no había nada que ver, solo algún matorral o cactus ocasional. Todo estaba tranquilo, solo se oía algo de la música que escuchaba mi hermano. Cuando, de repente, empezó a oírse un pitido insoportable.

-¿Qué es eso Jack?

Le dije mientras me levantaba un poco de mi asiento para ver los indicadores del coche. Él se dio la vuelta a escuchar su nombre. Desde hace años no le llamaba papa y a él no le gustaba nada que le llamara por su nombre de pila.

-Es el indicador del combustible,cariño. Tenemos que parar a repostar.

Me entro un escalofrío al oír aquel apelativo. No me gustaban nada los sobrenombres y menos aun si venía de él. En ese instante, en nuestra visión, apareció una gasolinera y sin esperar ni un segundo Jack se dirigió hacia allí. Cuando estacionamos me fije más en ella.

Era vieja. ¿Los síntomas? Las luces de neón que ponían "Gasolinera del Sonora" estaban rotas, faltaban la "a" de gasolinera y la "o" y la "r" de Sonora, el tejado echo de aluminio se caía a pedazos y la pintura ´blanca estaba totalmente descorchada, parecía que con solo verla la pintura saltara. Parecía una de esas gasolineras que salían en las películas de terror.

Jack bajó para poner el gasoil, mi madre ,Lucy bajo para estirar las piernas, mi hermano se quedo dentro del coche para refugiarse del sol y el calor y yo me bajé, estiré las piernas y fui caminando despacio a la tienda a comprar alguna chocolatina.

Al entrar,descubrí que el interior era igual que el exterior. Viejo y descuidado. Se notaba por los cristales de las neveras que estaban al fondo, en ellas no se podía ver lo que contenían estas por aquel color marrón que tintaba todas las neveras. Las estantería estaban llenas de polvo y telarañas, como también de comida caducada y hacía más calor que afuera.Vagué más por la tienda hasta encontrar la sección de las chocolatinas. Cuando la encontré intenté coger un paquete de Kit Kat, que no estuviera desecho, y una barrita energética. Paseé un poco más por la tienda, pero como no era muy grande, acabé enseguida y fui a pagar las chocolatinas.

La caja sólo era una vieja mesa de madera con una caja registradora que acumulaba polvo, como todo lo de aquí, y allí ,durmiendo, había un señor tan viejo que su cara parecía una pasa amarillenta. Vestía una camisa con lamparones amarillos y marrones. Y de él se desprendía un aroma dulzón por el sudor que emanaba de él. Me acerqué y pegué dos toques a la mesa. El viejo se despertó sobresaltado, pero al verme se relajó.

-¿En qué puedo ayudarte, señorita?

Dijo con un acento sureño mezclado con otro acento que no supe descifrar, pero por su piel morena y sus ojos negro me di cuenta de que sería hispano.

-Sólo me voy a llevar esto.-y le mostré las chocolatinas y él asintió haciendo que su pelo blanco se alborotará más de lo que estaba antes.

-Serán 2$.-le tiré el dinero al mostrador y me marché directa al coche.

Fuera aun estaba mi madre que se estaba fumando un cigarrillo fuera del alcance de la vista de Jack. Levanto la mano y me hizo gestos de que me acercara. Miré atrás mientras caminaba hacía ella. Vi como Jack se peleaba con la manguera del gasoil para ponerla en su sitio. Yo me reí por lo patético que parecía. Cuando llegué al lado de mi madre vi su cara de pocos amigos y mi sonrisilla se fue yendo poco a poco.

-Deberías quitarte esa manía de llamar a tu padre por su nombre ¿no te parece?

Yo la miré y me fijé en ella. Notaba su autoridad con solo mirarla a los ojos, pero dentro de ellos también había tristeza. Hacía 5 años desde que había pasado todo. Desde que mi padre la engaño con la mejor amiga de mi madre. No se había recuperado de aquello y yo tampoco. Fui yo la que los pillo y lo odiaba por aquello, por hacerle daño a mi madre.

- Yo creo que no, y no entiendo como aun estas con él.

Ella tiro la colilla al suelo y la chafo con la zapatilla restregándola para extinguir el fuego. Me miro y
 empezó a dirigirse al coche. Antes de ponerse a la vista de mi padre se dio la vuelta.

- No tengo que darte explicaciones del porque.

Me dejo allí mientras que ella llegaba al coche y se metía en el para resguardarse del incesante sol. Yo me di la vuelta y abrí el Kit Kat para comérmelo, pero con solo metérmelo en la boca sabía que estaba malo así que lo escupí. Estruje el paquete en mi mano y lo tiré con todas mis fuerzas hacía el desierto. Me limpie la boca con la mano y me dirigí al coche sin ninguna prisa.

Cuando subí mi padre puso el seguro y empezó a poner el gasoil. Después de unos minutos el anciano con ayuda de un bastón salió de la tienda con un gorro de vaquero en su cabeza ocultando su cabellera blanca. El viejo se quito el sombrero así saludando a mi padre y los dos se pusieron ha hablar animosamente.Puse los ojos en blanco y saque de mi mochila mi móvil. Me puse los auriculares y puse la primera canción que estaba en mi lista de reproducción favorita. Cerré los ojos al escuchar las primeras notas del piano, pero me esforcé en abrir los ojos y ver lo que estaban haciendo los hombres que estaban afuera.

Los dos estaban hablando de cualquier cosa mientras el anciano sacaba de sus vaqueros desgastados una caja de cerillas y se sacaba de la oreja un cigarro reblandecido y a medio fumar. Prendió la cerilla y con la mano temblándole se lo acerco al rostro, pero por culpa de los temblores la cerilla se le resbalo de la mano y callo a un charco de gasoil donde el anciano estaba pisando. La pierna del anciano empezó a arderle. Podía oír sus gritos de desesperación a través de la música relajante que inundaba mis oídos.

Mi padre intentaba ayudar al anciano, pero con la mala suerte que toco la pierna del anciano con la mano con la que estaba poniendo el gasoil. Al estar manchada empezó ha arder igual que el anciano. Mi hermano se quito los auriculares al ver la escena.

-¡PAPA!¡PAPA!

Gritaba mientras intentaba salir del coche arremetiendo con el hombro contra la puerta. Mi madre se quedo helada y yo también. Solo admiraba como los dos hombres poco a poco se convertían en dos bolas de fuego. Parecían que estaban bailando y en momento de total locura pensé que era hermoso, pero todo se esfumó cuando visualicé otra cosa. Vi como mi padre cogía la manguera que aun estaba en el coche y aun estaba repostando al coche. Al tocarla, la manguera, que estaba embadurnada de gasoil se prendió y con ella el chorro que entraba al deposito. No nos dio tiempo ni ha reaccionar. El deposito se prendió y el coche como la gasolinera volaron por los aires.

Siempre me imagine que viviría lo suficiente como para poder ver la costa algún día. Quería sentir el agua del mar en mis pies, pero solo sentiría el fuego, mucho fuego.

2 comentarios:

  1. Wow qué final! Me ha gustado la historia. Fíjate que en algunos lados faltan , o " pero el resto me ha gustado mucho.
    Sigue así!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por comentar y espero que la semana que viene leas el siguiente capitulo y opines sobre el. Besos

      Eliminar