miércoles, 19 de abril de 2017

Muerte 2



Acababa de salir del teatro,cuando empezó a llover. Odiaba la lluvia por que mi pelo se revolucionaba. De tenerlo completamente liso empezaba a rizarse con sus rizos naturales. En ese momento estaba comenzando a abultarse así que me hice una una coleta baja rápidamente y me puse el gorro de lana que guardaba en el bolso.

Trabajar en Broadway tienen sus pros y sus contras. Los pros. Estaba haciendo mis sueños realidad que era participar en cualquier espectáculo de Broadway y más Chicago. Era uno de mis musicales favoritos y nunca pensé que yo sería una de sus protagonistas.

Lo único negativo que veía era que acababa a las doce y media el show y hasta las dos de la madrugada no me iba a casa. Mi casa era un pequeño apartamento cerca del Bronxs. Era la zona más barata que podía encontrar.

Después de rebuscar en mi bolso en busca del paraguas lo encontré. Lo abrí rápidamente y me adentre en las calles de Broadway intentando caminar lo más deprisa posible antes de que la tormenta fuera a peor.

No llevaba ni tres manzanas cuando oí un grito entre la lluvia. La piel se me puso de gallina como los pelos de la nuca se me erizaron por aquel sonido tan aterrador. Antes de mudarme aquí ya me habían dicho que Nueva York no era una de las mejores ciudades del mundo para vivir sola si apreciabas tu vida, pero yo lo había tomado por alto hasta ese mismo instante.

Me había quedado paralizada, pero intente seguir mi camino como pudiera. No llegué ni ha recorrer ni dos metros cuando oí otro grito. En ese mismo momento estaba en la entrada de un callejón. En el solo se podía ver una escalera de emergencia y un contenedor de la basura. Cerré los ojos y me obligue a seguir, pero del callejón se oía un llanto que conseguía dejar a la lluvia en un segundo plano.

Y en ese mismo instante tomé la decisión más tonta que pude tomar una persona cuerda. Entré en el callejón. Metí mi mano en el bolsillo de mi chaqueta y saqué mi móvil. Intenté poner la linterna con una mano, pero se me resbaló ya que llevaba unos guantes de cuero. Cuando lo recogí del suelo vi que aquel móvil era inservible. Me lo metí otra vez en el bolsillo y seguí adentrándome en aquel callejón hasta oír más de cerca aquel llanto.

El llanto salía de la parte trasera del contenedor que había visto desde la acera. Me acerqué más y cuando estuve allí mis ojos no se creían lo que estaban viendo. Había una chica, más o menos de mi edad tendida sobre bolsas de basura. Con la poca luz que había pude distinguir que tenía el cabello de un pelirrojo zanahoria. Los ojos los tenía cerrados y con las manos se apretaba el costado con fuerza.

Me acerqué más a ella he intenté ver mejor a la chica. Las manos las tenía llenas de sangre que aun fluía entre ellas de la herida, que supuestamente, estaría en aquel costado que agarraba con tanta fuerza. Me arrodille a su lado he intente tocarla, pero de repente abrió los ojos y cuna de las manos ensangrentadas me cogió de la muñeca de una fuerza sobrehumana.

Se me quedo mirando. En sus ojos se podía ver el miedo, como también las lagrimas que se acumulaban y caían sin cesar, lo más seguro, que era por el dolor. Cuando se dio cuenta que no era ninguna alucinación por la falta de sangre se incorporó como pude y empezó a mirar por todas partes. Yo la miré con asombró de que pudiera moverse después de haber perdido tanta sangre.

Me agarró más fuerte, si fuera posible, la muñeca y dijo en voz baja.

-Vete de aquí y no mires atrás o sino morirás tu también.

Aquellas palabras hicieron que me recorriera un escalofrió por la columna, pero lo que me aterró más es cuando la chica del pelo naranja empezó a chillar. No me dio tiempo ni ha darme la vuelta. Sentí como me agarraban de la coleta y después estiraban de ella produciendo, así, que me cayera de culo sobre el asfalto lleno de basura, como que también mi paraguas saliera disparado.

Vi como una sombra se aproximo a la chica pelirroja y ella no paraba de gritar como de intentar retroceder más hacía la pared. Cuando se topo con la pared solo pude oír el sonido del cuchillo atravesando carne y después silencio.

Me tapé la boca pensando que si me quedaba quieta y no hablaba me dejaría en paz, pero acababa de presenciar un asesinato y muy en mi interior sabía que vendría después. El hombre se dio la vuelta y se dirigió directamente hacía mi. Yo intenté retroceder como había hecho la chica pelirroja, pero me topé con la pared.

El hombre me cogió del cuello y vi como levantaba el cuchillo manchado de la sangre de la otra chica. Sentí como de un giro rápido de muñeca paso el filo sobre mi cuello y nanosegundo después la sangre que chorreaba por mi cuello hasta caer en el pavimento. Empecé a ahogarme con mi propia sangre. El hombre me dejo en el suelo como si fuera un trapo sucio y se marcho corriendo.

Solo vi la cara de la chica pelirroja y después todo se fue.








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